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¿Qué es la dislexia? La dislexia es un trastorno principalmente de la lectura y su mecánica que puede afectar a otras áreas como la comprensión lectora, la ortografía y la expresión escrita. Actualmente se habla de un síndrome que engloba dificultades de memorización y distinción de letras, desorganización y falta secuenciación, dificultades de integración perceptiva, mala estructuración de frases, etc., y que se evidencian tanto en lectura como en escritura. Todo ello en niños con inteligencia normal sin lesión ni déficit sensorial y en un entorno socioeducativo adaptado.

¿Cuáles son las causas de la dislexia? La dislexia tiene un componente genético y hereditario, que predispone al individuo hacia un patrón lector marcado por alteraciones neurofisiológicas, y con una maduración más lenta del sistema nervioso. Sin embargo, no podemos obviar el factor evolutivo y el desarrollo del niño lector condicionado por conflictos psicológicos generados por el entorno familiar y de aprendizaje. La discusión sobre el origen de este trastorno no se ha cerrado hasta la fecha y aunque el factor biológico parece determinante aún no existen marcadores definitivos.

¿Cuál es su incidencia en la población? En España no existen estudios sobre la prevalencia de la dislexia. En estudios en países de habla inglesa, la prevalencia se sitúa entre el 5% y el 15% de la población escolar. Es probable que en castellano, al existir correlación constante grafema – fonema, existan menos disléxicos, cuestión que no está demostrada. A ello añadir la imprecisión de los criterios diagnósticos que, en ocasiones, incluyen bajo el espectro de la dislexia trastornos o dificultades lectoras de otra naturaleza.

¿Qué tipos de dislexia existen? En general podemos hablar de dislexias adquiridas y dislexias evolutivas. En el primer caso la clasificación es más amplia encontrándonos con dislexias superficiales, fonológicas, visuales, auditivas, etc., en función del área lectora afectada. En el segundo caso nos referimos a dislexias del desarrollo cuando fallan las rutas de acceso a la lectura. La clasificación también depende de la orientación profesional, lo importante es definir bien las manifestaciones y signos de la dislexia, es decir, en que parte del proceso lector falla el alumno y con que intensidad o sistematicidad, para poder programar la intervención.

¿Es realmente la dislexia un obstáculo para el aprendizaje? No debería serlo, los niños disléxicos no son, a priori, niños torpes ni despistados ni perezosos. En consecuencia, si conocemos bien el patrón disléxico y adaptamos el acceso a la lectura con una intervención amplia y multisensorial, la lectura no tiene porque ser un obstáculo. Existen programas y herramientas que facilitan y ayudan en el proceso lector, lo importante es que el niño comprenda lo que lee y sea fluido para escribir.

¿Como saber si un niño es disléxico? La dislexia se hace más evidente hacia los 5-6 años cuando los niños empiezan a leer y observamos errores sistemáticos a la hora de reconocer y nombrar letras, confusiones y cambios en palabras, dificultades para comprender, etc. Para saber si un niño es disléxico hay que valorar el proceso lector y escritor así como aspectos neuropsicológicos relacionados, para ello existen pruebas y baterías específicas que han de aplicar normalmente los psicólogos o psicopedagogos. Sin embargo, es cierto que existen precursores que pueden ayudarnos a prevenir, por ejemplo niños que tardan en hablar, que confunden palabras parecidas, que tienen problemas para recordar, para definir conceptos, dificultades con el ritmo, la orientación y las secuencias espaciotemporales. Todo ello puede indicarnos el principio de un patrón disléxico, tambièn es importante tener en cuenta si hay antecedentes familiares de padres, tíos y hermanos que sean disléxicos.

¿Cuál es la mejor manera de intervenir? No existe un tratamiento único ni idóneo. La rehabilitación de la dislexia ha de ser individual y adaptada a las necesidades de cada caso. La reeducación y el tipo de ejercicios dependerán del subtipo disléxico. En general, son buenos los ejercicios que potencien ambas rutas de lectura tanto la fonológica o indirecta como la léxica o directa, son importantes también todos los ejercicios sensoperceptivos tanto visuales como auditivos para ayudar en el proceso de decodificación. La estimulación del lenguaje ayudará a mejorar el razonamiento, el vocabulario, la conciencia fonológica y la comprensión. Desde el punto de vista cognitivo es necesario potenciar también aspectos como la atención, la memoria y la secuencialización. Como podemos ver el trabajo ha de ser multisensorial y variado. Lo importante es hacer un buen diagnóstico y definir bien el itinerario a seguir. Uno de los problemas que más observamos en disléxicos, sobretodo al principio de la primaria, es la falta de conciencia fonológica, es decir, dificultades para manipular mentalmente las letras, sus formas y sus sonidos, así como el lugar que ocupan en la palabra. Dicha conciencia es un prerrequisito que cuando no se adquiere los niños fracasan en la lectura. Disponemos de programas específicos para trabajar con disléxicos, tanto los entornos virtuales de aprendizaje como el sofware educativo nos ofrecen herramientas muy potentes y versátiles que, además, son sistemáticas, coherentes y lúdicas. Está demostrada su eficacia y los niños mejoran todo el proceso de lectura y escritura a partir de los 5-6 meses de entrenamiento. Para ello han de adaptarse cuadernos y programarse ejercicios para que el alumno asimile lo aprendido y se sienta capaz, no hay peor lector que un lector desmotivado. Todos los agentes educativos debemos implicarnos en este trabajo para que los niños estén animados, leer no tiene porque ser un drama, la lectura se contagia no se enseña.